El 3 de octubre de 1596, el explorador español Sebastián Vizcaíno impuso el nombre definitivo a la actual capital de Baja California Sur: La Paz. En su diario de navegación, Vizcaíno describe este momento histórico con palabras que han perdurado a través de los siglos: «descubrí otra ensenada grandísima y alguna parte de tierra llana me pareció buena… Hallamos muchos indios que se nos dieron por amigos… los cuales nos trajeron gran cantidad de ciruelas… salí del dicho puerto que llamamos de La Paz y fui en seguimiento de mi viaje». Este testimonio no solo registra el bautizo de la ciudad, sino que nos ofrece una ventana al primer encuentro documentado entre europeos y los pueblos originarios de esta región.
La expedición de Vizcaíno de 1596 se enmarcaba en el contexto de la expansión española en el Pacífico novohispano. Tras la consolidación del dominio español sobre el centro de México, la Corona buscaba extender su control hacia los territorios norteños, particularmente hacia la península de Baja California, conocida entonces como «California» a secas, pues aún no existía la división entre Alta y Baja California que vendría siglos después.
Sebastián Vizcaíno era un experimentado navegante y comerciante que había servido en las Filipinas y conocía bien las rutas del Pacífico. En 1596, obtuvo una concesión real para explorar la península californiana y establecer pesquerías de perlas en el Golfo de California, recurso que había despertado el interés económico de la Corona desde las primeras exploraciones de Hernán Cortés décadas atrás.
La expedición partió de Acapulco en junio de 1596 con tres embarcaciones. Navegando por el Golfo de California, Vizcaíno alcanzó la bahía que Hernán Cortés había nombrado «Santa Cruz» en 1535 durante su propia expedición a la península. Sin embargo, Vizcaíno decidió rebautizarla con un nombre que reflejara las circunstancias de su llegada: La Paz.
El nombre «La Paz» tiene un significado profundo que va más allá de lo meramente descriptivo. La tradición histórica señala que Vizcaíno eligió este nombre en reconocimiento a la recepción pacífica que los pueblos indígenas de la región —los pericúes— ofrecieron a los expedicionarios. A diferencia de otros encuentros entre españoles e indígenas que frecuentemente terminaban en confrontación, este primer contacto en la bahía fue marcadamente amistoso.

El relato de Vizcaíno es revelador: los indígenas no solo recibieron pacíficamente a los españoles, sino que les llevaron «gran cantidad de ciruelas», probablemente pitahayas, el fruto del cactus que era y sigue siendo abundante en la región. Este gesto de hospitalidad y el intercambio pacífico impresionaron favorablemente al explorador, quien vio en estas circunstancias un presagio positivo para el establecimiento de una colonia.
Vizcaíno intentó efectivamente establecer una colonia en La Paz durante esta expedición de 1596. Sin embargo, los problemas de abastecimiento, particularmente la escasez de agua potable en cantidad suficiente para mantener un asentamiento permanente, y las dificultades para sostener una población estable tan lejos de los centros de abastecimiento novohispanos, llevaron al fracaso de este primer intento colonizador. Vizcaíno tuvo que abandonar La Paz y continuar su exploración hacia el norte de la península.
A pesar del fracaso de la colonia, el nombre impuesto por Vizcaíno permaneció. «La Paz» se convirtió en la denominación definitiva de este lugar estratégico, y el nombre ha trascendido más de cuatro siglos de historia. Lo que comenzó como un reconocimiento a un encuentro pacífico se convirtió en la identidad misma de la ciudad que hoy es capital del estado de Baja California Sur.
El testimonio de Vizcaíno sobre aquel 3 de octubre de 1596 es particularmente valioso porque representa uno de los primeros registros escritos sobre la región y sus habitantes originarios. Sus palabras nos permiten asomarnos a ese momento de primer contacto, cuando dos mundos completamente diferentes se encontraron en las costas de una ensenada del Golfo de California.
La historia de La Paz comenzó mucho antes de la llegada de Vizcaíno —los pericúes habitaban la región desde hacía milenios—, pero el 3 de octubre de 1596 marca el inicio de su historia documentada y el momento en que recibió el nombre que la identifica hasta nuestros días. El nombre «La Paz» no solo es una denominación geográfica; es un recordatorio permanente de aquel primer encuentro pacífico entre culturas, un ideal que, aunque no siempre se cumplió en los siglos posteriores, permanece como aspiración y como parte de la identidad paceña.

