El 17 de septiembre de 1958, el mundo de las letras en México perdió a una de sus voces más singulares: el poeta Leopoldo Ramos Cota. Nacido en El Triunfo, Baja California Sur, su vida fue una de constante movimiento y aventura. A los 7 años de edad se mudó a Sonora, pero su conexión con su tierra natal nunca se rompió. Desde muy joven, Ramos Cota ejerció el periodismo y la telegrafía en las fuerzas de Francisco Villa, donde forjó una amistad con el también escritor Renato Leduc. Esta experiencia le dio una perspectiva única sobre el México de la Revolución, una perspectiva que se refleja en su obra. Su primer libro, Urbe, campiña y mar (1932), es un testimonio de su talento para capturar la esencia de los paisajes mexicanos y la vida en las ciudades. Durante muchos años, hasta su muerte, trabajó en los periódicos Excélsior y Últimas Noticias, donde se convirtió en una voz influyente. El legado de Ramos Cota es un recordatorio de que el arte y la literatura pueden florecer incluso en los momentos más turbulentos de la historia.

Sebastián Vizcaíno: salí del dicho puerto al que llamamos La Paz.
El 3 de octubre de 1596, el explorador español Sebastián Vizcaíno impuso el nombre definitivo a la actual capital de
